miércoles, 20 de agosto de 2008

el 11 S apesta.



Texto copiado de la gran web Rebelion.org. Impresiona.

¿Hubo complicidad gubernamental en el 11-S?

Mark H. Gaffney

Information Clearing House

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Lo que sigue es un pasaje del libro de Mark H. Gaffney que está por publicarse, The 9-11 Mystery Plane and the Vanishing of America [El misterioso avión del 11-S y la desaparición de EE.UU.] que aparecerá en septiembre de 2008.

Desgraciadamente, existe considerable evidencia de que elementos del gobierno de Bush fueron cómplices en el ataque del 11-S e incluso pueden haber ayudado a organizarlo. Examinemos parte de lo que considero como la evidencia más convincente. Sin embargo, la siguiente discusión no pretende ser exhaustiva.

Sabemos que dentro de minutos después del “peor ataque terrorista” en la historia de EE.UU., incluso antes del derrumbe de la Torre 2 del World Trade Center, a las 9.59 de la mañana, responsables estadounidenses conocían los nombres de varios de los presuntos secuestradores. CBS informó que una auxiliar de vuelo en el vuelo 11 de AA, Amy Sweeney, tuvo la presencia de ánimo de llamar a su oficina y de revelar los números de asiento de los secuestradores que se habían apoderado del avión, [1] El director del FBI, Robert Mueller, dijo más tarde: “Fue la primera pieza de evidencia concreta.” [2] En sus memorias, el director de la CIA, George Tenet, subraya la importancia de los manifiestos de pasajeros, como lo hace el zar del contraterrorismo Richard A. Clarke.[3] Todo lo cual es muy extraño porque los manifiestos publicados posteriormente por las aerolíneas no incluyen los nombres de ninguno de los presuntos secuestradores. Tampoco se ha explicado en algún momento esa discrepancia.

Según MSNBC, el plan de invadir Afganistán y “eliminar a al-Qaeda de la faz de la tierra” ya estaba sobre el escritorio de G.W. Bush en la mañana del 11-S esperando su firma. [4] El plan, en la forma de una directiva presidencial, había sido desarrollado por la CIA y según Richard Clarke incluía “el armamento de la Alianza del Norte... para pasar a la ofensiva contra los talibanes [y] que se presionara a la CIA para... que persiguiera a bin Laden y a la dirigencia de al-Qaeda.” [5]

Un antiguo diplomático paquistaní, Niaz Naik, relata prácticamente la misma historia. Durante una entrevista de la BBC, tres días después del 11-S, Naik afirmó que altos responsables estadounidenses le habían informado a mediados de julio de 2001, que EE.UU. atacaría a los talibanes “antes de que la nieve comience a caer en Afganistán, a más tarde a mediados de octubre.” [6] Naik dijo que recibió esa información en Berlín en un grupo de contacto internacional sobre Afganistán auspiciado por la ONU. También predijo, correctamente, que el ataque de EE.UU. sería lanzado desde bases en Uzbekistán y Tayikistán. Pero ¿cómo podían funcionarios estadounidenses saber a mediados de julio que fuerzas de EE.UU. invadirían Afganistán en octubre a menos que hayan tenido conocimiento previo del ataque?

Es probable que el conocimiento previo explique como el general Richard Myers, el presidente interino del Estado Mayor Conjunto el 11-S, pudo anunciar en la primera reunión posterior al 11-S del Consejo Nacional de Seguridad de Bush, realizado en video-conferencia en la tarde del ataque, que “existen cuarenta y dos importantes objetivos talibanes a ser bombardeados.” [7]¿Pero cómo llegó a poseer Myers información tan detallada sobre objetivos militares en Afganistán, tan pronto después del ataque del 11-S? Este importante detalle contradice afirmaciones repetidas frecuentemente de que los militares de EE.UU. no estaban preparados para atacar Afganistán, y apunta hacia una amplia planificación de la guerra antes del 11-S. El periodista Steve Coll llegó a una conclusión similar mientras investigaba para su libro de 2004 “Ghost Wars” [Guerras fantasma], una excelente historia del período precedente al ataque del 11-S. Coll entrevistó a dos funcionarios del gobierno de Clinton, quienes le informaron que “el Pentágono había estado estudiando posibles objetivos en la misma primavera [es decir 1998] en la que la CIA había estado preparando su plan secreto para atacar Tarnack Farm,” ubicada cerca de Kandahar, Afganistán, donde bin Laden había establecido su cuartel por invitación del líder talibán Mullah Omar.[8]

Según Clarke, en la misma reunión en la tarde del 11-S, el director de la CIA. George Tenet, informó al presidente que “al-Qaeda cometió estas atrocidades.” [9] Pero, de nuevo, ¿cómo pudo saberlo Tenet tan pronto después del ataque, en especial ya que habían ocurrido “fallas en la seguridad,” a menos que haya tenido conocimiento previo?

Ausencia de evidencia concreta

El 20 de septiembre de 2001, el gobierno de Bush declaró oficialmente que Osama bin Laden fue responsable por el ataque del 11-S. Tres días después, el Secretario de Estado Colin Powell anunció en Meet the Press que el gobierno publicaría pronto un “libro blanco” detallando la evidencia contra bin Laden. [10] Más tarde, ese mismo día, Bush hizo frente a preguntas de la prensa sobre la observación de Powell y echó marcha atrás respecto a la publicación de alguna información adicional. Bush explicó que el gobierno poseía mucha evidencia pero que en su mayor parte era confidencial y no podía ser hecha pública. Bush subrayó, sin embargo, que la evidencia “conduce a una persona, así como a una organización terrorista global.” [11] La Consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, hizo una declaración semejante durante una entrevista en FOX News. Rice dijo: “Tenemos excelente evidencia de vínculos entre Osama bin Laden, agentes de al-Qaeda, y lo que sucedió el 11 de septiembre.” [12] Rice se negó a publicar ningún detalle y, como Bush, afirmó que la evidencia era “confidencial.”

Como sabemos, el gobierno de EE.UU. nunca llegó a publicar el libro blanco prometido. ¿Por qué no? ¿Fue porque la evidencia contra bin Laden era demasiado débil para resistir ante un tribunal? Ese fue el punto de vista del periodista Seymour Hersh, quien citó al efecto a fuentes en la CIA y en el Departamento de Justicia en su columna regular en la revista New Yorker. [13]

Agencias extranjeras de inteligencia también investigaron diligentemente el caso, pero no les fue mejor. Por ejemplo, el Fiscal Federal Jefe de Alemania, Kay Nehm, admitió que no existía evidencia concreta que vinculara a bin Laden con el crimen. 14] La falta de evidencia llevó al antiguo canciller alemán, Helmut Schmidt, a pronunciarse contra la decisión del presidente Bush de invocar el Artículo V del Tratado de la OTAN, para movilizar la participación de la OTAN en la guerra contra el terrorismo. En las propias palabras de Schmidt: “Había que presentar pruebas de que el ataque terrorista del 11 de septiembre provino del exterior. [Sin embargo] esa prueba todavía no ha sido suministrada.” [15]

Osama no cooperó reconociendo su papel en el ataque; al contrario. En una declaración del 16 de septiembre de 2001, transmitida por Al Jazeera, bin Laden desmintió categóricamente toda participación. Días después, repitió su desmentido durante una entrevista con el periódico paquistaní Ummaut.[16] El 3 de noviembre de 2001, Al Jazeera publicó una tercera declaración, en la que bin Laden no sólo desmintió su participación sino acusó al gobierno de Bush de desatar una “guerra de cruzados” contra el mundo musulmán. Que yo sepa, ninguno de esos desmentidos fue mencionado en los medios de EE.UU. ¿Por qué?

El 1 de octubre de 2001, el primer ministro británico, Tony Blair, dijo a la Cámara de los Comunes que el caso contra bin Laden estaba probado más allá de la sombra de una duda. Blair dijo: “He visto evidencia absolutamente poderosa e incontrovertible de su vínculo [de Osama bin Laden] con los eventos del 11 de septiembre.” [17] Varios días después (el 4 de octubre), el gobierno de Blair anunció en público la evidencia a la que había aludido Blair: un “Archivo bin Laden.” [18] Pero resultó que la evidencia era menos que “incontrovertible” y de hecho, terriblemente pobre. El Independent la describió como “poco más que conjeturas,” [19] y un editorial en el Guardian concluyó que el expediente era “casi inútil desde un punto de vista legal.” [20] El Times [de Londres] estuvo de acuerdo, señalando que “No existe evidencia presentada [en el expediente] que vincule directamente a bin Laden con el 11 de septiembre.” [21]

El vídeo de bin Laden y la personificación del mal

Enfrentado a demandas de EE.UU. de entregar incondicionalmente a bin Laden, los talibanes se mostraron inicialmente desafiantes, y se negaron. Sin embargo, a comienzos de octubre de 2001, dos partidos islámicos paquistaníes persuadieron a la dirigencia de los talibanes de que extraditaran a bin Laden a Peshawar, Pakistán, donde sería mantenido bajo arresto domiciliario y juzgado por un tribunal internacional. [22] El acuerdo incluso incluía la extradición de bin Laden a EE.UU. en caso de una condena. Sin embargo, el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, vetó la idea, sin duda bajo fuerte presión del gobierno de Bush. ¿Pero por qué iba a rechazar EE.UU. una oportunidad de llevar al archi villano del 11-S ante la justicia por el crimen del siglo? ¿Fue porque, como ya he sugerido, EE.UU. tenía insuficiente evidencia para una condena y enfrentaba la embarazosa probabilidad de una absolución?

En los hechos, la única evidencia publicada por el gobierno de EE.UU. para vincular a bin Laden al 11-S fue una cinta de vídeo que supuestamente apareció por casualidad en Afganistán. Según el Departamento de Estado, fuerzas militares de EE.UU. encontraron el vídeo de una hora de duración en Jalalabad el 9 de diciembre de 2001, poco después de la invasión de EE.UU. [23] Supuestamente muestra a bin Laden y a varios de sus compañeros de al-Qaeda celebrando mórbidamente su exitoso ataque contra EE.UU. El gobierno de EE.UU. publicó la cinta el 13 de diciembre de 2001, junto con una traducción al inglés y un comunicado de prensa del Departamento de Defensa (DoD). Este último incluía la siguiente declaración de Rumsfeld: “No existía duda alguna de la responsabilidad de bin Laden por los ataques del 11 de septiembre antes de que se descubriera la cinta.” [24] Los medios de EE.UU. aprovecharon al máximo esa cinta de confesión, así como luminarias políticas como el alcalde de Nueva York (y candidato a presidente) Rudy Giuliani, quien dijo a CNN que la cinta confirmaba que la campaña militar de EE.UU. contra bin Laden era “más que justificada.” Giuliani agregó: “Obviamente, este hombre [es decir, bin Laden] es la personificación del mal. Parece deleitado por haber matado a más gente de lo que esperaba, lo que hace que uno se pregunte lo abstrusos que son realmente sus malvados corazón y alma.” [25]

En el vídeo, bin Laden alardea sobre el papel de al Qaeda en la preparación del ataque. ¿Pero son de buena fe las secuencias? Cualquiera que haya visto la cinta sabe que el principal personaje tiene solo un parecido más que superficial con bin Laden, a juzgar por fotos bien conocidas. Además, hay importantes discrepancias. Por ejemplo, el vídeo muestra a bin Laden escribiendo con su mano derecha, en circunstancias que según el FBI es zurdo. [26]

Dos traductores independientes y un tercer experto en estudios orientales también cuestionaron la traducción inglesa del árabe publicada por el DoD. Durante el programa "Monitor,” que fue transmitido por el canal de televisión alemán “Das Erste,” los tres expertos declararon que “en los sitios más importantes en los que se supone que [el vídeo] prueba la culpa de bin Laden, [la traducción] no es idéntica con el árabe.” [27] Los expertos también contradijeron la afirmación de EE.UU. de que la cinta probaba un conocimiento previo. Gernot Rotter, profesor de Estudios Islámicos y Árabes en la Universidad de Hamburgo, declaró que “Los traductores estadounidenses que escucharon las cintas y las transcribieron aparentemente escribieron muchas cosas que querían oír, pero que no se podían escuchar en la cinta, no importa cuántas veces uno la escuchaba.” Aunque esto no exonera necesariamente a bin Laden, provoca preguntas. Si, como afirmó Bush, EE.UU. poseía evidencia sólida de la culpa de bin Laden, ¿por qué tuvo que hacer afirmaciones falsas?

Evidentemente el FBI de EE.UU. está de acuerdo con los escépticos. La lista en la Red del FBI de “Los terroristas más buscados” incluye una página dedicada a Osama bin Laden. Según esa publicación oficial, que puede ser vista por cualquiera con acceso al ciberespacio, bin Laden es buscado por el FBI por los ataques de agosto de 1998 contra las embajadas de EE.UU. en Dar es Salaam, Tanzania, y Nairobi, Kenia, que mataron a más de 200 personas. [28] Sin embargo, la página no hace ninguna referencia a los eventos del 11 de septiembre de 2001. Tampoco hay alguna mención del vídeo mencionado anteriormente. En junio de 2006, cuando llegó a oídas de Ed Haas, autor de un blog, se sintió justificadamente perturbado y se puso en contacto por teléfono con la central del FBI pidiendo una explicación. Haas hablo con Rex Tomb, Jefe de Publicidad Investigativa del FBI, quien le informó que “El motivo por el que no se menciona el
11-S en la página del Más Buscado de Osama bin Laden es porque el FBI no posee evidencia concreta que conecte a bin Laden con el 11-S.” [29] Haas quedó perplejo, y dijo: “¿Pero cómo es posible?” Tomb respondió que “bin Laden no ha sido formalmente acusado en conexión con el 11-S.” Luego explicó el motivo:

“El FBI reúne evidencia. Una vez que ha reunido la evidencia, la entrega al Departamento de Justicia. El Departamento de Justicia decide si tiene suficiente evidencia para presentarla a un jurado de acusación federal. En el caso de los atentados contra las embajadas de EE.UU. en 1998, bin Laden fue formalmente culpado y acusado por un jurado de acusación. No ha sido formalmente culpado y acusado en conexión con el 11-S porque el FBI no posee evidencia concreta que conecte a bin Laden con el 11-S” [30]

Esta admisión del FBI es sorprendente y provoca preguntas fundamentales sobre la guerra contra el terrorismo, así como sobre el papel de los medios de EE.UU. ¿Fue condenado Osama bin Laden por el asesinato a sangre fría de casi 3.000 estadounidenses inocentes en el tribunal de la opinión pública mediante un circo mediático? ¿Se conchabaron el gobierno de EE.UU. y los medios de EE.UU. para engañar al pueblo estadounidense? Si es así, ha ocurrido un error judicial de inmensas proporciones.

Consideremos también la extraña declaración hecha el 13 de marzo de 2002 por el presidente Bush en una conferencia de prensa. Cuando se le preguntó por el progreso hecho para capturar a bin Laden, Bush respondió que “no hemos tenido muchas noticias suyas. [es decir de bin Laden] Y no diría necesariamente que esté al centro de alguna estructura de comando. Y, de nuevo, no sé donde está. Yo, repito lo que dije. Verdaderamente no me preocupa tanto su persona.” [31] ¿Pero a qué se debe esta actitud indiferente ante el archi-villano que Bush había prometido perseguir hasta los confines de la tierra? ¿Qué había sucedido con la determinación propia de un láser del presidente? Bush explicó que bin Laden había dejado de ser una amenaza terrorista debido a la ocupación de Afganistán por EE.UU. Sin embargo, por lo menos según un relato, las fuerzas estadounidenses en Tora Bora mostraron una incompetencia casi increíble durante la persecución de bin Laden, como resultado de la cual escaparon el acusado y la mayor parte de su séquito. [32] ¿Fue ese el plan, todo el tiempo?

Una observación no menos extraña hecha unas semanas después (6 de abril de 2002) por el general Richard Myers, entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto, sugiere que el escape de bin Laden había sido aprobado al más alto nivel. Myers dijo a CNN que “el objetivo no fue nunca capturar a bin Laden.” [33] Personalmente consideré que su declaración era incomprensible, ya que entonces Osama era el enemigo público número uno. ¿Permitió EE.UU. que bin Laden escapara porque el gobierno de Bush juzgó que era más valioso en libertad? No podemos estar seguros, porque en aquel entonces también hubo numerosas informaciones de que bin Laden estaba muerto. [34]

¿Sabía el presidente Bush, cuando hizo la declaración arriba mencionada, que bin Laden ya había muerto? Eso explicaría la conducta despreocupada de Bush. Sin embargo, en todo caso, desde el punto de vista de la propaganda, apenas importaba si bin Laden estaba muerto o vivo. Su reputación legendaria podía ser mantenida simplemente al no confirmar su muerte, y la leyenda es lo que contaba. Su persona también podía ser “manipulada” de diversas manera y utilizada para servir la conveniencia política. Por cierto, usando esta lógica, bin Laden era aún más valioso muerto porque un bin Laden vivo podría ser aprehendido en algún momento, en cuyo caso el gobierno de Bush encararía la perspectiva poco grata de un juicio muy público en el que el terrorista tendría la oportunidad de revelar su lado de la historia a un mundo atento. Y esto, claro está, había que evitarlo.

Si podemos creer el Informe de la Comisión del 11-S, el caso contra bin Laden fue considerablemente apuntalado por la captura y subsiguiente confesión en 2003 del presunto cerebro del 11-S, Khalid Sheikh Mohammed (KSM). El problema, desde luego, es que la historia oficial del complot contra EE.UU. se basa por entero en interrogatorios secretos de la CIA que nunca han sido confirmados independientemente, y que por lo tanto deben ser considerados como sospechosos. Pero incluso si aceptamos el testimonio de KSM en 2003, no explica la precipitación por ir a la guerra en 2001. Tampoco explica la decisión del presidente Bush de ir a la guerra contra Sadam Husein, una decisión que se dice fue tomada en julio de 2002. [35]

Casos anteriores de terrorismo ya han demostrado la sabiduría de proceder con cuidado, ya que reacciones viscerales pueden errar el tiro (y lo hacen). Por ejemplo, después del atentado contra el Edificio Federal Murrah en la Ciudad de Oklahoma, investigadores de EE.UU. sospecharon primero una conexión con Oriente Próximo. Pero resultó ser erróneo, y errores similares fueron hechos después del derribo en 1988 del vuelo 103 de Pan American sobre Lockerbie, Escocia. Aunque la evidencia inicial apuntaba a Siria o Irán, una investigación forense exhaustiva los excluyó y terminó por implicar a Libia. El propio Informe de la Comisión del 11-S describe este último caso como “un relato admonitorio sobre la precipitación al juzgar, atribuyendo responsabilidad por un acto terrorista.” [36] Así que, ¿a qué se debe la precipitación por ir a la guerra después del ataque del 11 de septiembre? Si el gobierno de Bush tenía evidencia concluyente de que al Qaeda era responsable, ¿por qué no publicarla? ¿Se mantuvo la Casa Blanca de Bush con los labios cerrados porque la evidencia real habría sacado a la luz la complicidad de la comunidad militar y de inteligencia de EE.UU.? Una historia sorprendente que salió en la prensa de EE.UU. en 2005 apunta a una conclusión semejante.

Able Danger

Sucede que una operación militar contraterrorista legítima de EE.UU. conocida como “Able Danger” [Peligro hábil] ya estuvo rastreando a Mohamed Atta y sus cómplices en enero-febrero de 2000. La operación, basada en Fort Belvoir, Virginia, era pequeña pero de tecnología extremadamente alta, ya que empleaba ordenadores avanzados para peinar Internet, una metodología conocida como minería de datos. En mayo de 2000, sin embargo, cuando el éxito de Able Danger fue conocido en todo el Departamento de Defensa, se ordenó que los agentes que lo dirigían lo cerraran y destruyeran sus datos. [37] Se dice que un agente fue amenazado con la prisión si se negaba. Más tarde, el Pentágono trató de bloquear audiencias del Comité Judicial del Senado sobre Able Danger, y en 2005, cuando no tuvo éxito, el Pentágono denegó su permiso para que personal de Able Danger testificara ante el comité. [38]

Un agente de inteligencia que más adelante testificó a pesar de todo, el teniente coronel Anthony Shaffer, fue objeto de acoso. La pregunta es ¿por qué? Por cierto, la explicación corriente es que la burocracia militar cometió graves errores y más tarde trató de encubrir su incompetencia. Pero hay otra posibilidad. ¿Fue clausurado Able Danger porque su operación honesta amenazó con desenmascarar la planificación encubierta para el “ataque” del 11 de septiembre?

Lo que es obvio es que son increíbles los intentos interesados del Pentágono por amordazar y desacreditar al teniente coronel Shaffer. En febrero de 2006, Shaffer dijo al Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes que durante el verano de 2000 él y otros agentes involucrados en Able Danger intentaron en tres ocasiones distintas advertir al FBI sobre la amenaza terrorista planteada por Mohamed Atta. Pero las reuniones nunca tuvieron lugar. Cada vez fueron canceladas a última hora por abogados a alto nivel del Pentágono. [39] El Pentágono tampoco ha suministrado alguna vez una explicación satisfactoria del motivo. [40]

Poco tiempo después de la disolución de Able Danger, Shaffer fue reasignado a la Base Aérea Bagram, en Afganistán, donde logró, en octubre de 2003, atraer la atención de la Comisión del 11-S sobre la existencia de Able Danger. Esto sucedió aparentemente debido a un encuentro casual con Philip Zelikow, Director Ejecutivo de la comisión, y varios miembros del personal de la comisión que entonces estaban de viaje, reuniendo información de primera mano sobre la guerra de EE.UU. contra el terrorismo. El teniente coronel Shaffer dijo al comité de la Cámara que después de haber informado al personal de la comisión sobre el éxito de Able Danger en la identificación de Mohamed Atta y de otros presuntos secuestradores del 11-S, llegó Zelikow, le entregó su tarjeta, y le pidió que “por favor póngase en contacto conmigo cuando vuelva a EE.UU. para que podamos continuar este diálogo.” [41] Sin embargo, tres meses después, cuando Shaffer hizo precisamente eso le sorprendió descubrir que Zelikow ya no estaba interesado en Able Danger. ¿Por qué habrá sido?

Entonces se armó la de San Quintín cuando Shaffer informó como corresponde a su comandante sobre el contacto. Desde ese momento el teniente coronel Shaffer fue sometido a la especie de novatadas militares que usualmente sufren los reclutas bisoños. Su aprobación de seguridad fue anulada. Perdió acceso a su ordenador de oficina y a todos sus materiales confidenciales sobre Able Danger que, supo posteriormente, fueron destruidos. Subsiguientemente, el Pentágono desechó su testimonio, afirmando que no se basaba en evidencia concreta, un ejemplo obvio de un círculo vicioso. Shaffer también supo que lo estaban investigando, aunque jamás se presentaron acusaciones formales en su contra. Se le dijo “extraoficialmente” que había “enfadado” a uno o más oficiales superiores. Varios colegas de Shaffer en Able Danger corroboraron su historia, pero no tuvo importancia. Su carrera militar había terminado, destruida. [42] El testimonio de Shaffer ante el Congreso es fascinante y es una lectura esencial para cualquiera que se interese por la verdad sobre el 11-S.

En su libro publicado en 2006 “Without Precedent” [Sin precedente], Thomas Kean y Lee Hamilton, co-presidentes de la Comisión del 11-S, niegan que Able Danger haya identificado alguna vez a Mohamed Atta antes del 11-S. [43] Pero su aseveración, muy tardía, no es verosímil. Su propio informe final sobre el 11-S no hace ninguna mención de Able Danger. Está abundantemente claro que a pesar de que el teniente coronel Shaffer notificó al panel sobre esta importante operación de contraterrorismo los comisionados no hicieron ningún intento para investigarlo y, ya que Kean y Hamilton no lo hicieron ¿cómo puede afirmar ahora con verosimilitud que lo saben? Obviamente, su desmentido se basa en información que recibieron, mucho más tarde, del Pentágono.

Kean y Hamilton escriben que su personal “recibió todos los documentos del Departamento de Defensa sobre Able Danger y no encontraron ninguna mención sobre Atta.” [44] Pero su afirmación no convence, ya que sabemos que 2,5 terabits de datos de inteligencia sobre Able Danger ya habían sido destruidos (en el año 2000), para no hablar de la información en el disco rígido de Shaffer (en 2004). La pregunta para los co-presidentes es simple: ¿Qué seguridad podían posiblemente tener de que los documentos que recibieron del DoD sobre Able Danger cuentan toda la historia? Obviamente, no lo hacen. Más concretamente, ¿por qué iban a creer Kean y Hamilton al Pentágono más que al testimonio del teniente coronel Shaffer? A esas alturas, los co-presidentes ya tenían buenos motivos para sospechar que el Pentágono, no Shaffer, los había engañado en las audiencias. [45]

Escuchas a bin Laden

El que Able Danger haya sido cerrado en mayo de 2000, mucho antes de que Bush asumiera el mando, provoca preguntas inquietantes. ¿Había comenzado ya la planificación para el 11-S durante el gobierno de Clinton? Es curioso que en 2002 el director de la CIA, George Tenet, haya dicho a una sesión a puertas cerradas del panel conjunto de la Cámara y Senado que investigaba la “falla en la seguridad” del 11-S, que la planificación del ataque del 11 de septiembre de 2001 de al-Qaeda, ya comenzó en 1998. [46] ¿Pero cómo lo sabía Tenet a menos que la CIA haya estado rastreando a bin Laden todo ese tiempo? En los hechos, ¡sabemos que lo estaba haciendo! Según varios informes de UPI, la Administración Nacional de Seguridad (NSA) reconoció en febrero de 2001 que el uso de software Echelon avanzada posibilitó que la comunidad de inteligencia de EE.UU. escuchara secretamente durante años miles de llamadas por teléfono móvil de bin Laden. Responsables de EE.UU. revelaron que incluso después que bin Laden comenzó a encriptar ciertos llamados en 1995, sus “códigos fueron descifrados.” [47]

La fecha, 1998, es doblemente curiosa. Ese mismo año Tenet informó al Comité de Inteligencia del Senado que la estrategia de la CIA para derrotar a al-Qaeda incluía el reclutamiento de agentes de al-Qaeda. [48] En sus memorias, Tenet va aún más lejos con una afirmación que es notable por su franqueza. Escribe: “La comisión [del 11-S] no reconoció los continuos esfuerzos exhaustivos realizados por la comunidad de la inteligencia antes del 11-S para penetrar la organización de al-Qaeda.” [49] Tuve que volver a leer ese pasaje varias veces para creer a mis propios ojos. ¿Reclutó la CIA a terroristas que luego fueron utilizados como chivos expiatorios el 11-S?

Funcionarios de Bush, claro está, han negado tenazmente que EE.UU. haya penetrado exitosamente a al-Qaeda antes del 11-S. Pero sus desmentidos son menos que convincentes a la luz del testimonio del teniente coronel Shaffer sobre Able Danger, y también porque no cabe duda: sabemos que continuaron las escuchas de llamados telefónicos. Después que al-Qaeda atentó contra dos embajadas de EE.UU. en el Este de África en agosto de 1998, investigadores del FBI tuvieron suerte y dieron con un centro de comunicaciones de al-Qaeda en Yemen. Según el escritor Lawrence Wright, resultó ser “una de las piezas de evidencia más importantes jamás descubiertas por el FBI, que permitió a los investigadores identificar los vínculos de la red de al-Qaeda en todo el globo.” [50] El centro era un teléfono privado, nada de alta tecnología. El operador de la central telefónica resultó ser el cuñado de Khalid al-Midhar, uno de los diecinueve presuntos secuestradores. Su trabajo en Yemen era simplemente la retransmisión de mensajes hacia y desde varios de los agentes de al Qaeda, incluyendo a bin Laden. [51]

Con los registros telefónicos, investigadores estadounidenses confirmaron una oleada de llamados a través del centro de comunicaciones antes de los atentados contra las embajadas y este modelo se repitió antes del ataque contra el USS Cole en octubre de 2000. [52] Por cierto, es poco evidente el motivo por el cual las agencias de inteligencia de EE.UU. no impidieron el ataque contra el Cole porque, para entonces, ya estaban escuchando. Permitieron que el centro de comunicaciones de al-Qaeda siguiera operando hasta el día mismo del 11 de septiembre de 2001, e incluso después. Increíblemente, las autoridades de EE.UU. y de Yemen no actuaron y finalmente lo cerraron recién en 2002. [53]

Sobre la base de esta evidencia, obtenida de fuertes abiertas en los medios de EE.UU., debemos concluir que la comunidad de inteligencia de EE.UU. rastreó casi cada actividad de al-Qaeda antes del 11-S, y lo hizo durante años, incluyendo probablemente el ingreso a EE.UU. de los presuntos secuestradores, su “entrenamiento de vuelo” y sus movimientos posteriores. Es seguro que las intercepciones telefónicas continuaron.

En junio de 2002, tanto el Miami Herald como el Dallas Star-Telegram informaron que en el verano de 2001 la NASA incluso monitoreó conversaciones telefónicas entre el presunto jefe de los secuestradores del 11-S, Mohamed Atta, y el presunto cerebro del 11-S, Khalid Sheikh Mohammed (KSM). [54] Los periódicos informaron que la NSA “no reconoció la importancia de lo que tenía.” Evidentemente, esperan que creamos que la NSA no transmitió esa inteligencia importante a la CIA. Pero es absurdo. Después de todo, la NSA forma parte del Departamento de Defensa de EE.UU. y existe con el propósito de suministrar inteligencia a la CIA y a los militares de EE.UU. El artículo del Miami Herald incluso lo reconocer, citando a un funcionario de la NSA que declaró bajo condición de anonimato que simplemente “no era verdad” que la NSA no haya compartido la información con otras agencias de inteligencia. [55] Por cierto la compartieron. A propósito, una búsqueda en Google no logró ubicar el texto completo de ninguno de estos artículos, que aparentemente fueron eliminados de Internet hace tiempo. Que yo sepa, sobreviven en el ciberespacio sólo como miniaturas.

¿Cómo debemos entender todo esto? ¿Hubo elementos de la comunidad de la inteligencia de EE.UU. que sabían todo el tiempo de la operación de múltiples secuestros de al-Qaeda? ¿La aprovecharon, entonces, clandestinamente, para montar su propia planificación por sobre dicha operación, asegurando así el “éxito” del ataque y manipulándolo para sus propios fines innobles? Si fuera verdad, explicaría fácilmente el motivo por el cual el Pentágono clausuró Able Danger en mayo de 2000. Explicaría que el Pentágono haya puesto mordaza al personal de Able Danger, desafiando una investigación del Congreso. También explicaría la campaña cuidadosamente orquestada de calumnias contra el teniente coronel Shaffer, que cumplió con su deber patriótico y tuvo que pagar un precio terrible. Explicaría por qué el DoD suministró información falsa o incompleta sobre Able Danger a los co-presidentes Kean y Hamilton, y a otros miembros de la comisión, para persuadirlos de que el esfuerzo de minería de datos fue “insignificante.” También explicaría el motivo por el cual, una y otra vez, durante el período antes del 11-S, la CIA retuvo información crítica ante el FBI, información que, si hubiera sido conocida, habría capacitado al FBI para frustrar el ataque del 11-S. Al FBI siempre sólo le faltaron una o dos informaciones críticas para ver el cuadro completo de la conspiración. Tampoco ha explicado alguna vez adecuadamente la CIA la desconexión. [56] Las excusas acostumbradas: chapucerías burocráticas y rivalidad entre agencias, simplemente no convencen.

Esta interpretación también explicaría por qué mintió George Tener durante las audiencias de la Comisión del 11-S cuando negó sus reuniones con el presidente Bush en agosto de 2001. Por cierto, incluso podría explicar por qué el presidente electo G.W. Bush retuvo lo, a pesar de haber sido nombrado por Clinton como su jefe de la CIA. Fue una de las primeras decisiones de Bush como presidente, y fue extremadamente atípica, especialmente en vista del menosprecio apenas ocultado de los neoconservadores por el gobierno de Clinton. Sin embargo, es muy razonable si se asume que, cuando Bush llegó al poder, elementos de la CIA y de los militares de EE.UU. ya estaban profundamente involucrados en la planificación clandestina del ataque del 11-S. La continuidad en la CIA habría sido esencial. Que yo sepa, el escritor Ian Henshall fue el primero en realizar esta conexión. [57] Y no olvidemos: durante el período antes del 11-S el director de la CIA visitó a diario la Casa Blanca. Tenet informó personalmente a Bush sobre temas de inteligencia, una tarea poco usual para un director de la CIA. [58] Pero, de nuevo, puede ser comprensible, si se asume que se preparaba una importante operación oculta, que requería una extrema compartimentación. Sólo unos pocos individuos en la cumbre podían ser totalmente informados.

¿Bin Laden en Dubai?

Un artículo no menos impactante que apareció en el prestigioso periódico francés Le Figaro el 11 de octubre de 2001, lleva a la misma conclusión. La historia afirmó que bin Laden estuvo en realidad bajo la protección de agencias de seguridad de EE.UU. antes del ataque del 11-S. Según Le Figaro, bin Laden ingresó al Hospital Americano en Dubai el 4 de julio de 2001, sólo dos meses antes del 11-S, donde recibió tratamiento médico durante un período de diez días por una grave dolencia de los riñones. [59]

Dubai es uno de los Emiratos Árabes situado en el Golfo Pérsico. La historia no se puede basar sólo en rumores o habladurías porque incluye numerosos detalles: Bin Laden iba supuestamente acompañado por su médico personal, una enfermera, cuatro guardaespaldas, y por lo menos uno de sus lugartenientes. También señala que el jefe de estación local de la CIA, evidentemente una persona bien conocida en el pequeño país, fue visto entrando a la suite de hospital de bin Laden durante su estadía, y que tomó un vuelo de vuelta a EE.UU. inmediatamente después de la reunión. Si la historia es exacta, bin Laden fue un centro de atención desde su sala en el hospital, saludando a diversos miembros de su familia ampliada, así como a destacados saudíes y emiratíes. No es ningún secreto que bin Laden sufría de una enfermedad a los riñones. El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, ya había informado en 1998 al gobierno de Clinton del deterioro de la salud de bin Laden, durante una visita de Estado en Washington. [60]

Un informe complementario en el Guardian (Reino Unido) el 1 de noviembre de 2001, confirmó la historia mencionada y agregó más detalles, señalando que los invitados saudíes de bin Laden incluyeron al príncipe Turki al Faisal, en aquel entonces jefe de la inteligencia saudí. El artículo en el Guardian menciona al espionaje francés como fuente del artículo del Figaro. También afirma que la información fue filtrada porque los franceses estaban “ansiosos de revelar el rol ambiguo de la CIA y frenar las intenciones de Washington de extender la guerra a Iraq y otros sitios.” En vista de que bin Laden ya era buscado en la época por los atentados contra las embajadas de EE.UU. en Nairobi y Dar es Salaam, ¿por qué no consiguió EE.UU. que las autoridades locales agarraran al terrorista en Dubai, a fin de llevarlo ante la justicia? Por cierto, sobra decir que en primer lugar bin Laden jamás hubiera visitado el hospital estadounidense sin estar seguro de ser protegido. ¿Nos atreveremos a hacer la conexión? Seguramente el artículo en Le Figaro sugiere que elementos del establishment de la inteligencia de EE.UU. sabían de los próximos ataques del 11-S y permitieron que bin Laden siguiera libre para que jugara el rol que se le había asignado. Por atroz que esto suene, si la historia es correcta, no existe otra explicación plausible.

Una conclusión semejante es apoyada además por evidencia convincente que salió a la luz por primera vez el 6 de noviembre de 2001, cuando el programa Newsnight de la BBC presentó documentos del FBI en la televisión británica, probando que poco después de la asunción al poder de G.W. Bush, la Casa Blanca ordenó al FBI que “renunciara” a las investigaciones en curso de Osama bin Laden y otros miembros de su familia, algunos de los cuales vivían en EE.UU. en la época. [61] Que yo sepa, nunca se informó en los medios de EE.UU. sobre alguna de esas informaciones de la prensa europea y del Reino Unido. Una vez más, ¿por qué no?

¿Hubo cómplices en la comunidad de la inteligencia y en el gobierno de EE.UU. en los eventos del 11 de septiembre de 2001? ¿Permitieron que ocurriera el ataque, o incluso ayudaron a prepararlo, a fin de generar el pretexto para una política exterior mucho más agresiva de EE.UU. que de otra manera no sería apoyada por el pueblo estadounidense? De un modo u otro, las implicaciones son chocantes, por cierto, tan chocantes que muchos de nuestros, y nuestras, compatriotas no pueden llegar a albergar pensamientos semejantes. Sin embargo, es un hecho probado que los neoconservadores propugnaron abiertamente un giro imperial en la política exterior de EE.UU. antes de la elección de noviembre de 2000. [62] Además, Clinton ya iba en esa dirección.

Son preguntas graves para nuestra nación y no debemos dejar de encararlas. Si contienen algo de verdad enfrentamos una crisis constitucional sin par en nuestra historia.
------------
El próximo libro de Mark: “THE 9/11 MYSTERY PLANE” incluirá, entre otras revelaciones, la primera discusión y análisis de los datos del 11-S de NORAD/FAA publicados en octubre pasado gracias a una solicitud según la Ley de Libertad de la Información (FOIA). Para contactos y comentarios, escriba a:

markhgaffney@earthlink.net

El libro de Mark puede ser pedido por anticipado a amazon.com:

http://www.amazon.com/11-Mystery-Plane-Vanishing-America/dp/0979988608/ref=sr_1_1?ie=UTF8&s=books&qid=1216184222&sr=1-1

1 Según otro informe, la azafata fue Betty Ong. Lynn Spencer: “Touching History: The Untold Story of the Drama that Unfolded in the Skies over America on 9/11,” Free Press, New York, 2008, p.18.
2 “The President’s Story,” CBS News, September 10, 2003.
3 George Tenet, At the Center of the Storm, My Years at the CIA, HarperCollins, New York, 2007, pp.xix and 167; Richard A. Clarke, Against All Enemies, Free Press, New York, 2004. pp. 13-14.
4 Jim Miklaszewski y Alex Johnson, “US planned for attack on al-qaida,” MSNBC and NBC, May 16, 2002,
5 Richard A. Clarke, Against All Enemies, Free Press, New York, 2004, p. 26. Evidently the name of the plan was “Blue Sky.” George Tenet, At the Center of the Storm, My Years at the CIA, HarperCollins, New York, 2007, pp. 171 and 130-131.
6 Los tres funcionarios estadounidenses fueron Tom Simmons, ex embajador de EE.UU. en Pakistán, Karl Inderfurth, ex Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Aisáticos, y Lee Coldren, ex experto del Departamento de Estado en Asia del Sur.
a former State Department expert on south Asia. George Arney, “US ‘planned attack on Taliban’,” BBC news, September 18, 2001.
7 At the Center of the Storm, My Years at the CIA, HarperCollins, New York, 2007, pp.. 23.
8 Steve Coll, Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan, and bin Laden, from the Soviet Invasion to September 10, 2001, Penguin Press, New York, 2004, p. 409, también vea nota 21, p. 628.
9 Ibid.
10 “White House Wavers on Publicizing bin Laden Case,” UPI, September 24, 2001.
11 Trascripción: President Freezes Terrorists' Assets: Remarks by the President, Secretary of the Treasury O'Neill and Secretary of State Powell on Executive Order, The Rose Garden, September 24, 2001, posted at http://www.whitehouse.gov/news/releases/2001/09/20010924-4.html
12 News Sunday, FOX News, September 23, 2001.
13 Seymour Hersh, “What Went Wrong: The C.I.A. and the failure of American intelligence, New Yorker, October 1, 2001
14 The Guardian, September 17, 2001, p. 11; also see The (London) Times, September 28, 2001, p. 5.
15 Según se dice, Schmidt, hizo repetidamente la declaración en la televisión alemana el 10 de diciembre de 2001. Vea el segmento de Webster Tarpley en el vídeo de Barrie Zwicker, “The Great Conspiracy: The 9/11 News Special You Never Saw,” 2004.
16 Ummaut, September 22, 2001. El texto pertinente dice lo siguiente: “Yo no estuve involucrado en los ataques del 11 de septiembre en EE.UU. ni tuve conocimiento de los ataques. Existe un gobierno dentro del gobierno en EE.UU. EE.UU. debiera tratar de encontrar a los perpetradores de esos ataques en su interior; entre la gente que quieren convertir este siglo en un siglo de conflicto entre el Islam y el cristianismo. Hay que preguntar a ese gobierno secreto quien realizó los ataques... El sistema estadounidense está totalmente bajo control de los judíos, cuya primera prioridad es Israel, no EE.UU. ... Ya he dicho que no somos hostiles a EE.UU. Estamos contra el sistema, que convierte a otras naciones en esclavas de EE.UU., o las obliga a hipotecar su libertad política y económica.”
17 The (London) Daily Telegraph, October 1, 2001.
18 La trascripción completa puede ser vista en: http://paulboutin.weblogger.com/2001/10/05
19 The Independent (UK), October 7, 2001, p. 7.
20 The Guardian, October 5, 2001, p. 23
21 The (London) Times, October 5, 2001, p. 8.
22 The (London) Daily Telegraph, October 4, 2001, p. 9; Vea también: Milan Rai, “Afghanistan: The Unnecessary War,” Znet, October 13, 2004.
23 El vídeo completo está en http://paulboutin.weblogger.com/2001/12/14
24 Al escribir estas líneas, el comunicado de prensa sigue publicado y puede ser visto en: http://www.defenselink.mil/releases/release.aspx?releaseid=3184
25 “Bin Laden on tape: Attacks ‘benefited Islam greatly’,” CNN, December 14, 2001, puesto en; http://archives.cnn.com/2001/US/12/13/ret.bin.laden.videotape/
26 http://www.fbi.gov/wanted/terrorists/terbinladen.htm
27 Georg Restle, Ekkehard Sieker, “Bin-Laden-Video: Falschübersetzung als Beweismittel?”, MONITOR Nr. 485 am, December 20, 2001. Puesto en http://web.archive.org/web/20021218105636/www.wdr.de/tv/monitor/beitraege.phtml?id=379
28 La página está publicada en: http://www.fbi.gov/wanted/terrorists/terbinladen.htm
29 “FBI says, “No hard evidence connecting Bin Laden to 9/11,” Muckraker Report, June 6, 2006, publicado en; http://www.teamliberty.net/id267.html
30 Ibid.
31 President Bush Holds Press Conference, The James S. Brady Briefing Room, March 13, 2002. Posted at http://www.whitehouse.gov/news/releases/2002/03/20020313-8.html
32 John F. Burns,”10-Month Afghan Mystery: Is bin Laden Dead or Alive?,” New York Times, September 30, 2002.
33 Evans, Novak, Hunt and Shields, “Interview with General Richard Myers,” CNN, April 6, 2002.
34 Giles Tremlett (in Madrid), “Al-Qaeda leaders say nuclear power stations were original targets,” The Guardian, September 9, 2002; also see “Report: Bin Laden Already Dead,” FOX News, December 26, 2001; “Israeli Intelligence: Bin Laden is dead, heir has been chosen,” Special to World Tribune.com, October 16, 2002; “Musharraf: bin Laden likely dead,” CNN, January 19, 2002.
35 George Tenet, At the Center of the Storm, My Years at the CIA, HarperCollins, New York, 2007, p. 309.
36 The 9/11 Commission Report: Final Report of the National Commission on Terrorist Attacks Upon the United States, Norton & Co., New York, 2004, pp. 75-76.
37 El mayor del Ejército Eric Kleinsmith destruyó 2,5 terabits de datos de inteligencia sobre al-Qaeda en mayo y nio de 2000, por orden de Tony Gentry, abogado general del Comando de Inteligencia y Seguridad del Ejército. Es una cantidad inmensa de datos. Para obtener una idea de la dimensión de esa cantidad, hay que tratar de pensar en términos como ser: es el equivalente de un 25% de la Biblioteca del Congreso. Patience Wait, “Data-mining offensive in the works,” Government Computer News, October 10, 2005, posted at http://www.gcn.com/print/24_30/37242-1.html?topic=news
38 Philip Shenon, “Pentagon Blocks Testimony at Senate Hearings n Terrorism,” New York Times, September 20, 2005; also see Philip Shenon, “Second Officer Says 9/11 Leader was Named Before Attacks,” New York Times, August 23, 2005.
39 Declaración preparada de Anthony A. Shaffer, Lt Col., US Army Reserve, Senior Intelligence Officer, before the House Armed Services Committee, Wednesday February 15, 2006, full transcript posted at http://www.fas.org/irp/congress/2006_hr/021506shaffer.pdf
40 Las explicaciones oficiales son tan ridículas que ni siquiera merecen un comentario.
41 Ibid.
42 Will Dunham, “Three more assert Pentagon knew of 9/11 ringleader,” Reuters, September 1, 2005; “Navy Captain Backs Able Danger Claims,” FOX News, August 23, 2005; Vea también: Thom Shanker, “Terrorist Known Before 9/11, More Say.” New York Times, September 2, 2005.
43 Thomas H. Kean y Lee H. Hamilton, Without Precedent: The Inside Story of the 9/1 Commission, Alfred A, Knopf, New York, 2006, pp. 294-295.
44 Ibid.
45 Dan Eggen, “9/11 Panel Suspected Deception by Pentagon,” The Washington Post, August 2, 2006.
46 John Diamond y Kathy Kiely, “Officials: Sept. 11 attacks were planned since 1998,” USA Today, June 18, 2002.
47 Richard Sale, “NSA Listens to bin Laden,” UPI, February 13, 2001; also see John C.K. Daly, “Analysis: US Combs Airwaves for bin Laden,” UPI, February 21, 2001; also see “US Makes Cyberwar on bin Laden,” UPI, February 9, 2001.
48 Vea el informe final del Comité Conjunto de Investigación, Apéndice, p. 21, citado en Coll, Ghost Wars, p. 413., también vea nota 30, p. 629.
49 George Tenet, At the Center of the Storm, HarperCollins, New York, 2007, p.121.
50 Lawrence Wright, The Looming Tower: Al Qaeda and the Road to 9/11, Alfred A. Knopf, New York, 2006, pp.277-278.
51 By Lisa Myers, “Hindsight and the attacks on America,” NBC News, July 21, 2004, posted at http://www.msnbc.msn.com/id/5479799/
52 David Enser, Chris Plante and Peter Bergen, “USS Cole plot began after embassy attacks, investigator says, CNN News, December 20, 2002, publicado en http://archives.cnn.com/2000/US/12/20/terrorism.threat.02/
53 “US links Yemen clan to Sept. 11 and East Africa attacks,” MSNBC, February 14, 2002. archivado en http://www.bouwman.com/911/Operation/Yemen/Feb-15.html
54 Dallas Star-Telegram, June 7, 2002; también vea Miami Herald, June 6, 2002.
55 Miami Herald, June 6, 2002.
56 Para una excelente discusión de los numerosos casos en los que la CIA retuvo información, vea: Lawrence Wright, The Looming Tower: Al Qaeda and the Road to 9/11, Alfred A. Knopf, New York, 2006. Vea los capítulos 16-20.
57 Ian Henshall, 9/11 Revealed: The New Evidence, Carroll and Graf, New York, 2007, p.64.
58 Tenet lo menciona en sus memorias. At the Center of the Storm, p. 137.
59 Alexandra Richard, “The CIA met bin Laden while undergoing treatment at an American Hospital last July in Dubai, Le Figaro, October 11, 2001. (translated by Tiphaine Dickson)
60 Steve Coll, Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan, and bin Laden, from the Soviet Invasion to September 10, 2001, Penguin Press, New York, 2004, p. 442, also see note 14, p. 633.
61 Greg Palast and David Pallister, “FBI claims Bin aden Inquiry was frustrated: Officials told to ‘back off’ on Saudis before September 11,” Guardian (UK), November 7, 2001.
62 La estrategia neoconservadora para un imperio global de EE.UU. fue delineada en un documento de 2000: “Rebuilding America's Defenses: Strategy, Forces and Resources For a New Century.” Puede todavía ser visto en el sitio en la Red del Project for a New American Century (PNAC) web sit
http://www.informationclearinghouse.info/article20521.htm

domingo, 27 de julio de 2008

Capitalismo del desastre: estado de extorsión.

akí tenéis un artículo buenísimo, sobre la crisis mundial en la ke estamos. lo he fusilado del diario Gara:

En su obra más reciente, «La Doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre», Naomi Klein expuso, con unos términos que utiliza de forma peculiar, que en estos momentos el poder económico y político hegemónico en el planeta utiliza el miedo a las crisis como un elemento clave para llevar a cabo sus proyectos con la menor oposición posible por parte de la ciudadanía y de los gobiernos de los países más pobres.

Desde que el petróleo sobrepasó los 140 dólares el barril, hasta los locutores de derechas más furibundos se ven forzados a demostrar su credo populista dedicando una porción de sus programas a machacar a las compañías petrolíferas. Algunos han ido tan lejos como para invitarme a mantener una amistosa charla sobre un insidioso nuevo fenómeno: «el capitalismo del desastre».

La cosa marcha bien... hasta que empieza a torcerse. Por ejemplo, el locutor «conservador independiente» Jerry Doyle y yo mantuvimos una conversación perfectamente amistosa sobre las turbias compañías aseguradoras y la ineptitud de los políticos cuando ocurrió lo siguiente:

-«Creo que hay un sistema para abaratar rápidamente los precios -anunció Doyle-. Hemos invertido 650.000 millones de dólares para liberar a una nación de 25 millones de personas. ¿No va siendo hora de que reclamemos algo de petróleo a cambio? Debería haber un montón de camiones cisterna, uno tras otro, formando un atasco en dirección al Túnel Lincoln, el apestoso Túnel Lincoln, en hora punta; cada uno de ellos con una nota de agradecimiento de parte del Gobierno iraquí... ¿Por qué no vamos y cogemos sencillamente el petróleo? Nos lo hemos ganado liberando un país. Puedo arreglar el problema del precio del petróleo en diez días en vez de en diez años».

Había un par de problemas con el plan de Doyle, por supuesto. El primero es que esta-ba describiendo el mayor latro-cinio de la historia mundial. El segundo, que llegaba demasiado tarde: «nosotros» ya estamos robando el petróleo de Irak, o al menos estamos en el momento cumbre de ello.

Han pasado diez meses de la publicación de mi libro «La Doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre», en el cual argumento que el método preferido para reformar el mundo de acuerdo con los intereses de las corporaciones multinacionales es actualmente el de explotar sistemáticamente el estado de miedo y desorientación que acompaña a la población en momentos de shock y crisis. Ahora que el mundo está siendo sacudido por múltiples shocks, parece un buen momento para ver cómo se está aplicando la estrategia.

Los capitalistas del desastre han estado ocupados: desde los bomberos privados que actuaron en los incendios del norte de California a los desposeedores de tierras tras el ciclón Burma [que provocó miles de muertes en Birmania el pasado mes de mayo] o a la nueva ley sobre la vivienda abriéndose paso hacia el Congreso.

La ley no habla demasiado sobre las viviendas asequibles, desplaza la carga del impago de hipotecas a los contribuyentes y asegura a los bancos que proporcionan malos préstamos que consigan algunos pagos en devolución por los mismos. No sorprende que se la denomine en los pasillos del Congreso como el «plan Credit Suisse», en honor a uno de los bancos que, generosamente, la propuso.

El desastre de Irak: «Si lo rompe lo paga».

Pero estos casos de capitalismo del desastre son bastante amateurs en comparación con lo que se está llevando a cabo en el Ministerio del Petróleo iraquí. Empezó con la adjudicación de contratos fuera de subasta a ExxonMobil, Chevron, Shell, BP y Total (aún no se han firmado, pero continúan siendo válidos). Pagar a las multinacionales por su bagaje técnico no es algo raro. Sí lo es que estos contratos vayan casi invariablemente a compañías petrolíferas que se dedican a su distribución, y no a las que se dedican a explorar, producir y guardar la riqueza procedente de la explotación de estos recursos combustibles y liberadores de dióxido de carbono. Como apunta el experto en petróleo londinense Greg Muttitt, los contratos sólo tienen sentido según las informaciones de que las grandes compañías petrolíferas han insistido en el derecho a poder rechazar contratos otorgados para producir en los campos de petróleo iraquíes, dirigiéndolos. En otras palabras, aunque otras compañías podrán pujar por los contratos en el futuro, serán éstas quienes siempre los ganarán.

Una semana después de que no se anunciaran acuerdos fuera de subasta, el mundo pudo ver el precio real del petróleo. Después de años presionando a Irak en la trastienda de la opinión pública, el país ha abierto repentinamente a los inversores seis de sus mayores campos petrolíferos, que reúnen en conjunto casi la mitad de sus reservas.

De acuerdo con el ministro del Petróleo iraquí, se empezarán a firmar contratos a largo plazo a lo largo de este año. Aunque ostensiblemente bajo el control de la Compañía Nacional de Petróleo Iraquí (CNPI), las empresas extranjeras mantendrán el 75% del valor de los contratos, dejando el 25% restante a sus socios iraquíes.

Este tipo de porcentaje no tiene precedentes en los estados árabes y persas ricos en petróleo, en los que el control mayoritariamente nacional del petróleo fue una victoria decisiva en las luchas anticoloniales. Según Muttitt, la suposición hasta ahora era que las multinacionales extranjeras traerían el desarrollo a los nuevos campos petrolíferos en Irak, no que tomarían aquellos cuya producción ya está en marcha y en consecuencia requieren una inversión técnica mínima. «La política era la de asignar estos campos a la Compañía Nacional de Petróleo Iraquí por completo», me explicó. Este cambio supone una inversión de aquella política, ya que da a la CNPI solamente un 25%, en vez del 100% acordado.

Así pues, ¿qué es lo que hace que contratos tan pésimos como ésos sean posibles en Irak, un país que tanto ha sufrido? Irónicamente, es el sufrimiento de Irak, su crisis sin fin, la base para un acuerdo que amenaza con drenar de su tesoro nacional su principal fuente de ingresos. La lógica es como sigue: la industria petrolífera de Irak necesita expertos extranjeros porque los años de sanciones punitivas la privaron de nueva tecnología, y la invasión, y la violencia que la siguió, la degradaron todavía más. E Irak necesita urgentemente producir más petróleo. ¿Por qué? Por la guerra, una vez más. El país está en ruinas y los miles de millones repartidos en contratos fuera de subasta a las compañías occidentales no han conseguido reconstruir el país. Ahí es donde aparecen los nuevos contratos fuera de subasta: lograrán recaudar más dinero, pero Irak se ha convertido en un lugar tan peligroso que se debe inducir a las compañías petrolíferas para que éstas se arriesguen a invertir. De se modo la invasión de Irak crea limpiamente el argumento para el saqueo ulterior.

Muchos de los arquitectos de la guerra de Irak ya ni siquiera se preocupan en negar que el petróleo fue el motivo principal para desencadenarla. En el programa «To the Point» de la National Public Radio [Radio Nacional Pública], Fadhil Chalabi, uno de los principales consejeros iraquíes de la Administración Bush antes de la invasión, describió recientemente la guerra como un «movimiento estratégico de los EEUU y el Reino Unido para tener una presencia militar en el Golfo con la que asegurar en el futuro las reservas [de petróleo]». Chalabi, que ejerció de viceministro del petróleo y se reunió con las compañías petrolíferas antes de la invasión, describió este movimiento como «un objetivo fundamental».

Invadir países para apoderarse de sus recursos naturales es ilegal según la Convención de Ginebra. Esto significa que la gigantesca tarea de reconstruir la infraestructura en Irak -incluyendo su infraestructura petrolífera- es responsabilidad financiera de los invasores. Son ellos quienes deberían ser forzados a pagar las reparaciones. (Recuérdese que el régimen de Saddam Hussein pagó 9.000 millones de dólares a Kuwait en concepto de reparaciones por la invasión del país en 1990). En cambio, Irak está obligado a vender el 75% de su patrimonio nacional para pagar el precio de su propia invasión y ocupación ilegal.

El shock del precio del petróleo: o nos dais el Ártico o nunca volveréis a conducir.

Irak no es el único país involucrado en un atraco petrolífero. La Administración Bush está atareada en la labor de usar una crisis relacionada -la del alza del precio del combustible- para reavivar su viejo sueño de perforar el Refugio Natural Ártico (Artic National Wildlife Refuge, ANWR en sus siglas inglesas). Y de perforar la costa. Y también de explotar las reservas de petróleo bituminoso de la cuenca de Green River [entre Colorado, Utah y Wyoming]. «El Congreso tiene que enfrentarse a una dura realidad», dijo George W. Bush el 18 de junio. «A menos que los miembros del Congreso estén dispuestos a aceptar los dolorosos precios del combustible actuales, o puede que aún más altos, nuestra nación debe producir más petróleo».

Habla el Presidente como Extorsionador en Jefe, apuntando a la cabeza de su rehén (nada menos que el país entero) con el surtidor de gasolina: o me dais la ANWR o todo el mundo tendrá que pasar sus vacaciones en el patio trasero de su casa. El último robo del presidente-cowboy.
A pesar de las pegatinas de «Perfore aquí y ahora y pague menos», perforar en la ANWR tendría un impacto apenas discernible en las actuales reservas petrolíferas mundiales, como sus defensores bien saben. El argumento de que podría provocar una reducción de los precios del petróleo no está basado en la economía pura y dura, sino en el sicoanálisis de mercado: perforar «enviaría un mensaje» a los empresarios del petróleo de que aún queda más petróleo, y esto haría que empezasen a bajar los precios.

Se siguen dos puntos de este razonamiento. El primero es el intento por mentalizar a los hiperactivos empresarios de qué es lo que ocurre realmente en el gobierno de la era Bush, incluso en medio de una emergencia nacional. El segundo es que nunca funcionará. Si hay alguna cosa que podamos predecir del reciente comportamiento del mercado del petróleo es que el precio va a seguir subiendo, no importa cuántas nuevas reservas se anuncien. Tomad por ejemplo el enorme boom que está teniendo lugar en las famosas reservas de petróleo bituminoso de Alberta [Canadá]. Con tales reservas de petróleo bituminoso, conocidas también como «arenas petrolíferas», ocurre lo mismo que con los otros emplazamientos propuestos por Bush para la perforación: son cercanos y seguros, pues el Tratado para el Libre Comercio en Norteamérica (NAFTA en sus siglas inglesas) contiene una cláusula que impide a Canadá cortar el suministro a Estados Unidos.

Sin hacer mucho ruido, el petróleo de estas fuentes en gran medida sin explotar ha estado fluyendo hacia el mercado en tal cantidad que ahora Canadá es el mayor proveedor de petróleo de los Estados Unidos, por encima de Arabia Saudí. Entre 2005 y 2007, Canadá aumentó sus exportaciones a los Estados Unidos en casi 100 millones de barriles. A pesar del significativo crecimiento de estas reservas seguras, los precios del petróleo han ido en aumento durante todo este tiempo.

De hecho, lo que se esconde tras la campaña de perforación de la ANWR no es otra cosa que pura estrategia del shock: la crisis del petróleo ha creado las condiciones con las que es posible vender una política antes invendible, pero desde luego altamente rentable.

El shock del precio de los alimentos: o modificación genética o hambruna.

Ligada estrechamente al precio del petróleo encontramos la crisis alimentaria global. No sólo los elevados precios del petróleo hacen subir los precios de los alimentos, sino que el boom de los biocombustibles ha desdibujado la frontera entre comida y combustible, expulsado a los agricultores de sus tierras y alentado una especulación rampante.

Muchos países latinoamericanos han insistido en que se reexamine la pujanza de los biocombustibles como alternativa a los combustibles fósiles y en que se reconozcan los alimentos como un derecho humano y no como una mercancía más. El subsecretario de Estado, John Negroponte, tiene otras ideas al respecto. En el mismo discurso en que trataba de vender el compromiso de EEUU en la ayuda alimentaria de emergencia, pidió a los países que bajaran sus «restricciones a la exportación y elevadas tarifas» y eliminaran «las barreras para el uso de las innovaciones tecnologías en la producción animal y vegetal, incluyendo la biotecnología». Hay que reconocer que esta amenaza era más sutil que las anteriores, pero el mensaje era claro: los países pobres harían mejor en abrir sus mercados agrícolas a los productos norteamericanos y sus semillas genéticamente modificadas. En caso contrario se arriesgan a perder su ayuda.

Los cultivos genéticamente modificados han aparecido de súbito como la panacea para la crisis alimentaria, al menos según el Banco Mundial, el presidente de la Comisión Europea -«valor y al toro», vino a decir- y el primer ministro británico, Gordon Brown. Y, claro está, según las empresas del agribusiness. «No se puede alimentar hoy al mundo sin organismos genéticamente modificados», declaró recientemente Peter Brabec, presidente de Nestlé, al «Financial Times». El problema con este argumento, al menos por ahora, es que no hay pruebas de que los organismos genéticamente modificados aumenten la producción de los cultivos, sino que más bien la disminuyen.

Pero si incluso hubiera una varita mágica con la que resolver la crisis alimentaria global, ¿querríamos que estuviese en manos de los Nestlés y Monsantos? ¿Cuál sería el precio a pagar por que la empleasen? En los últimos meses Monsanto, Syngenta y BASF han estado comprando frenéticamente patentes de las llamadas semillas «todoterreno», un tipo de plantas que pueden crecer incluso en la tierra agostada por la sequía o salada por las inundaciones. En otras palabras: plantas modificadas para sobrevivir a un futuro de caos climático. Ya sabemos hasta qué punto está dispuesta a llegar Monsanto a la hora de proteger su propiedad intelectual, espiando y demandando a los granjeros que se atrevan a guardar sus semillas de un año para otro. Hemos podido ver cómo las medicaciones patentadas contra el VIH impiden salvar a millones de personas en el África subsahariana. ¿Por qué los cultivos «todoterreno» patentados iban a ser diferentes?

Entre tanta charlatanería excitante sobre nuevas tecnologías perforadoras y genéticas, la Administración Bush anunció una moratoria de hasta dos años en los proyectos federales para la investigación en energía solar, debido a, aparentemente, preocupaciones medioambientales. Nos vamos acercando a la frontera final del capitalismo del desastre. Nuestros dirigentes no invierten en tecnologías que nos prevengan de una manera efectiva de un futuro climáticamente caótico y, en su lugar, se deciden a trabajar codo con codo justamente con quienes traman planes cada vez más endiablados para aprovecharse de las desgracias ajenas.

La privatización del petróleo iraquí, el aseguramiento de los cultivos genéticamente modificados, la reducción de las últimas barreras comerciales y la apertura de los últimos refugios naturales a la explotación privada... No hace mucho estos objetivos eran conseguidos uno tras otro mediante corteses acuerdos comerciales presentados con el seudónimo de «globalización». Ahora esta agenda completamente desacreditada está obligada a cabalgar sobre las espaldas de crisis cíclicas, vendiéndose a sí misma como la medicina que curará de una vez por todas el dolor del mundo.

Naomi Klein, analista política. Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero.

sábado, 17 de mayo de 2008

Los más terroristas del mundo.

Os pongo un artículo de Noam Chomsky, ke, como siempre, es clarísimo. Lean y enfádense. Se titula

Terrorismo internacional: la lista de los más buscados.

El 13 de febrero pasado fue asesinado en Damasco Imad Moughniyeh, un veterano dirigente de Hezbollah. “El mundo es un lugar mejor sin este hombre”, dijo el portavoz del Departamento de Estado Sean McComarck, y agregó que “de uno u otro modo, se ha hecho justicia.” Y Mike McConnell, el Director de la Inteligencia Nacional, agregó que Moughniyeh “había sido el terrorista responsable del mayor número de muertes de norteamericanos e israelíes después de Osama bin Laden”. Israel también dio rienda suelta a su alegría: “uno de los hombres más buscados por EEUU e Israel” habría sido ajusticiado, según informó el London Financial Times. Bajo el título de “Un militante buscado en todo el mundo”, se publicó un informe, según el cual Moughniyeh era el que seguía a Osama bin Laden en la lista de los más buscados después del 9/11 y, por tanto, se trataba del segundo entre los “militantes más buscados en el mundo”.

La terminología es suficientemente precisa, de acuerdo con las reglas del discurso anglo-americano, que entiende por “mundo” la clase política de Washington y Londres (y todos quienes estén de acuerdo con ellos en determinados asuntos). Así, por ejemplo, es frecuente leer que “el mundo” todo apoyó a George Bush cuando ordenó el bombardeo de Afganistán. Y esto puede ser cierto para “el mundo”, pero difícilmente para el mundo, como tuvo buena ocasión de revelar la agencia internacional de sondeos Gallup luego de que se anunciara el bombardeo. El apoyo mundial fue mínimo. El porcentaje de aceptación en una América Latina con amplia experiencia en las conductas de EEUU osciló entre el 2% de México y el 16% de Panamá, e incluso ese minúsculo apoyo estaba condicionado a la previa identificación de los sospechosos (según el FBI, seguían sin identificar ocho meses después), y a que los blancos civiles estuvieran a salvo, cosa que no ocurrió. El mundo mostraba una aplastante preferencia por la vía dipolomático-judicial, pero “el mundo” la descartó de plano.

Tras el rastro del terror

En el presente caso, si “el mundo” fuera todo el mundo, podríamos encontrar otros candidatos dignos de honra como archienemigos más odiados. Y es instructivo preguntarnos por qué.

El Financial Times informó que la mayoría de los cargos en contra de Moughniyeh no estaban probados, pero “una de las pocas veces en las que es posible afirmar con certeza su participación [es en el] secuestro del avión de la compañía TWA en 1985, cuando fue asesinado un buzo de la armada norteamericana”. Esta fue una de las dos atrocidades terroristas que, según una encuesta entre directores de periódicos, hizo que el terrorismo en Oriente Medio se convirtiera en la noticia más importante de 1985; la otra fue el secuestro del buque de línea Archille Lauro, en el que resultó brutalmente asesinado Leon Klinghoffer, un inválido norteamericano. Esto refleja el juicio del “mundo.” Es posible que el mundo viera las cosas de otra manera.

El secuestro del Achille Lauro fue la represalia por el bombardeo de Túnez, ordenado una semana antes por el primer ministro israelí Simón Peres. Su fuerza aérea asesinó a setenta y cinco tunecinos y palestinos con bombas inteligentes que los destrozaron en mil pedazos, entre otras atrocidades vívidamente narradas por el destacado periodista israelí Amnon Kapeliouk. Washington cooperó, puesto que omitió advertir a su aliado tunecino que las bombas iban de camino, y es imposible que la Sexta Flota y la inteligencia norteamericana no estuvieran al tanto del inminente ataque. George Schultz, el entonces Secretario de Estado, comunicó al Ministro israelí de Asuntos Exteriores, Yitzhak Shamir, que en Washington “había despertado una enorme simpatía la acción israelí”, y la calificó –con aplauso general— como una “respuesta legítima” a los “ataques terroristas”. Unos pocos días después, el Consejo de Seguridad de la ONU denunció unánimemente (con la abstención de EEUU) los bombardeos como un “acto de agresión armada” . Huelga decir que “agresión” es un crimen mucho más grave que el de terrorismo internacional. Pero, concediendo el beneficio de la duda a los EEUU y a Israel, dejemos que sobre los responsables recaiga sólo el cargo menos grave.

Pocos días antes, Peres fue a Washington a consultar al principal terrorista internacional del momento, a Ronald Reagan, quien denunció “el terrible azote del terrorismo”, de nuevo con el aplauso general del “mundo”.

Los “ataques terroristas” que Shultz y Peres pretextaron para bombardear Túnez fueron los asesinatos de tres israelíes en Larnaca, Chipre. Los asesinos, como admitió Israel, no tenían nada que ver con Túnez, si bien podrían habrían tenido conexiones con Siria. Sin embargo, Túnez era un blanco más a propósito. Estaba inerme, a diferencia de Damasco. Y además, ofrecía un placer adicional: allí podían ser asesinados más palestinos exiliados.

Por su parte, los asesinatos de Larnaca fueron considerados una represalia de sus perpetradores: una respuesta a los sistemáticos secuestros israelíes en aguas internacionales, que resultaron en los asesinatos de muchas personas y en el secuestro y consiguiente encarcelamiento de muchas más, retenidas sin cargos por largos períodos en cárceles israelíes. La más famosa de éstas fue la prisión/cámara-de-tortura 1391. Hay mucha información al respecto en la prensa israelí y extranjera. Esos crímenes sistemáticos , por supuesto, son conocidos por las redacciones de los periódicos de EEUU, y de vez en vez, se mencionan de pasada.

El asesinato de Klinghoffer's se vivió con una verdadera sensación de horror, y es celebérrimo. Se convirtió en tema de una ópera aclamada y en guión de una película hecha para la televisión. Pero también causaron horror los asombrosos comentarios de condena al salvajismo de los palestinos: “bestias bicéfalas”( según el Primer Ministro Menachen Begin), “cucarachas drogotas correteando en una botella” (según el Jefe del Equipo Raful Eitan), “como saltamones, comparados con nosotros”, seres cuyas cabezas deberían ser “convertidas en picadillo golpeándolas contra el canto rodado y las paredes” (dijo el Primer Ministro Yitzhak Shamir). O simplemente, llamados araboushim, el equivalente de nuestro “judío” o de nuestro “negro”.

Así, luego de una exhibición particularmente depravada de terror militar y de una intencionada humillación en la ciudad de Halhul, en la Ribera occidental, en diciembre de 1982 (¡disgustó hasta a los halcones israelíes!), el conocido analista militar y político Yoram Peri escribió consternado: “hoy, uno de los objetivos de nuestro ejército [es] demoler los derechos de personas inocentes simplemente porque son araboushim que viven en territorios que Dios nos ha prometido a nosotros”, tarea, ésta, cada días más perentoria, y que se lleva a cabo con creciente brutalidad desde que los araboushim comenzaron a “levantar cabeza” un par de años atrás.

No es difícil averiguar si los sentimientos expresados con motivo del asesinato de Klinghoffer fueron sinceros. Basta investigar la reacción ante los crímenes israelíes respaldados por los EEUU. Pensemos, por ejemplo, en el asesinato de dos inválidos palestinos en abril del 2002, Kemal Zughayer y Jamal Rashid, a manos de las fuerzas israelíes incursionadas en el campo de refugiados de Jenin, en la Ribera Occidental. Los periodistas británicos encontraron el cuerpo aplastado de Zughayer y los restos de su silla de ruedas, junto a lo que quedaba de una bandera blanca que sostenía en el momento de ser asesinado, cuando trataba de huir de los tanques israelíes que se lanzaron sobre él partiendo su rostro en dos pedazos y seccionándole brazos y piernas. Jamal Rashid terminó aplastado en su silla de ruedas cuando una de los enormes palas excavadoras suministradas por EEUU destruyó su casa en Jenin, con toda la familia dentro. La diferente reacción, o por mejor decir, la falta absoluta de reacción, es la rutina, y resulta tan fácil de explicar, que no precisa de mayores comentarios.

Coche Bomba

Sencillamente, el bombardeo de Túnez en 1985 fue un crimen terrorista infinitamente más grave que el secuestro del Achille Lauro, o que el crimen del mismo años en que la participación de Moughniyeh`s “podía ser establecida con certeza”. Pero incluso el bombardeo tunecino tiene competidores para el premio en el concurso de las mayores atrocidades terroristas en el Oriente Medio del año cumbre que fue 1985.

Uno de los aspirantes fue el coche bomba colocado en Beirut a la salida de una Mezquita y programado para que explotara cuando los devotos se retiraban de su plegaria del viernes. La bomba mató a 80 personas e hirió a 256. La mayoría de los muertos eran niñas y mujeres que salían de la Mezquita, aunque la ferocidad de la onda expansiva “carbonizó a bebés en sus cunas”, “mató a una novia que estaba comprando su ajuar”, e “hizo volar por los aires a tres niños que regresaban a casa desde la Mezquita”. También devastó la calle principal del suburbio densamente poblado de Beirut oeste, como informó hace tres años Nora Boustany en el Washington Post.

El objetivo era el clérigo Shiita Sheikh Mohammad Hussein Fadlallah, quien logró escapar con vida. El atentando fue perpetrado por la CIA de Reagan y sus aliados saudíes, con ayuda británica, y autorizado concretamente por el Director de la CIA William Casey, según el relato del periodista del Washington Post Bob Woodward en su libro El Velo: las guerras secretas de la CIA 1981-1987. Se conoce muy poco más que los meros hechos, gracias a la escrupulosa aceptación de la doctrina, según la cual no hay que investigar nuestros propios crímenes (a menos que resulten demasiado conocidos como para negarlos y la investigación se limite al círculo de una pocas “manzanas podridas” subalternas que, se calla por sabido, actúan “incontroladamente”).

“Aldeanos terroristas”

El tercer candidato al premio al terrorismo en el Oriente Medio de 1985 fueron las operaciones “Iron Fist” [Puño de Hierro] del Primer Ministro Peres en los territorios del sudeste libanés ocupados en ese momento por Israel, violando las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU. El objetivo, según los altos mandos israelíes, eran los llamados “terroristas aldeanos”. En este caso, los crímenes de Peres se despeñaron por los nuevos derrotaderos de la “brutalidad calculada” y el “asesinato arbitrario”, según palabras de un diplomático occidental entendido en estos temas, afirmaciones luego corroboradas por las filmaciones en directo de los hechos. Pero como no le interesaban al “mundo”, no fueron investigados. Como de costumbre. Sería legítimo preguntar si esos crímenes caen bajo la categoría de terrorismo internacional o bajo la categoría, harto más grave, de crimen de agresión. Pero concedámosles, de nuevo, el beneficio de la duda a Israel y a sus secuaces de Washington, y conformémonos con el cargo menos grave de terrorismo.

Esas son algunas de las ideas que pueden pasar por la cabeza de las personas de cualquier parte del mundo –que no del “mundo”—, cuando piensan en aquella “ocasión”, “una de las pocas” en las que Imad Moughniyeh estuvo claramente implicado en un crimen terrorista.

Los EEUU lo acusan, asimismo, de haber sido responsable de los ataques demoledores a la marina de los EEUU y a las barracones de paracaidistas franceses en Líbano en 1983, ataques perpetrados con un camión bomba y dos suicidas, que resultaron en la muerte de 241 marines y 58 paracaidistas. Y también de un ataque anterior a la Embajada de los EEUU en Beirut, que mató a sesenta y tres personas, y fue particularmente grave, porque en ese momento había una reunión en la que participaban funcionarios de la CIA.

Sin embargo, el Financial Times atribuyó el ataque a los barracones a la Jihad islámica. y no a Hezbollah. Fawz Gerges, uno de los académicos destacados en el estudio de los movimientos Jihad y del Líbano, escribió que un “grupo desconocido denominado Jihad islámica” se atribuyó la responsabilidad. Una voz que hablaba en árabe clásico instó a todos los norteamericanos a dejar el Líbano, o enfrentarse a la muerte. Se ha dicho que Moughniyeh era en ese momento la cabeza de la Jihad islámica, pero, hasta donde alcanza mi conocimiento, hay escasas pruebas.

No hay sondeos de la opinión mundial al respecto, pero es harto probable que se debe de llamar “ataque terrorista” al ataque a una base militar radicada en un país extranjero, especialmente porque las fuerzas de los EEUU y de Francia estaban desarrollando vigorosos bombardeos navales y aéreos en el Líbano poco después de que los EEUU prestaran un apoyo decisivo a la invasión israelí del Líbano en 1982, que acabó con la vida de cerca de 20.000 personas y devastó el sur, dejando gran parte de Beirut en ruinas. Finalmente, el Presidente Reagan suspendió los ataques cuando la protesta internacional tras las masacres de Sabra-Shtila subió a tal punto de tono, que ya no pudo ser ignorada.

Por lo común, en EEUU la invasión israelí del Líbano se describe como una reacción a los ataques terroristas al norte de Israel desde bases libanesas por parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), con lo que parece comprensible nuestra crucial contribución a esos crímenes de guerra mayores. En el mundo real, la frontera libanesa estuvo quieta durante un año, a pesar de repetidos ataques israelíes, muchos de ellos sangrientos, tendentes provocar alguna respuesta de la OLP que sirviera de pretexto para una invasión ya decidida y planeada. Los comentaristas y líderes israelíes no confesaron su verdadero propósito en ese momento: salvaguardar el poder israelí en la zona ocupada de la Ribera occidental. No carece de interés el que el único error grave del libro de Jimmy Carter (Palestina: Paz o Apartheid) sea la reiteración de este brebaje propagandístico, según el cual los ataques de la OLP desde el Líbano fueron la causa de la invasión por parte de Israel. Sobre el libro han llovido copiosos ataques, y se han hecho esfuerzos desesperados por encontrar alguna frase que pudiera ser mal interpretada, pero se ignoró este error flagrante, el único. Y con razón, porque se cumple así con el criterio de respetar las falsificaciones doctrinales útiles.

Matar sin querer

Otro de los cargos contra Moughniyeh: fue convertirlo en el “cerebro” de la bomba en la Embajada de Israel en Buenos Aires que, el 17 de marzo de 1992, mató a veintinueve personas. Fue una respuesta –como dijo el Financial Times— al asesinato por parte de Israel, del antiguo jefe de Hezbollah Abbas Al-Mussawi en el curso de un ataque aéreo al sur del Líbano”. Sobre el asesinato no se precisan mayores pruebas, porque Israel se atribuyó con orgullo el mérito. Pero el mundo podría tener cierto interés en el resto de la historia. Al-Mussawi fue asesinado con un helicóptero suministrado por EEUU en una zona muy al norte de la “zona de seguridad” ilegalmente fijada por Israel en el sur del Líbano. Iba camino de Sidón desde Jibshit, luego de disertar en un acto en memoria de otro imán asesinado por las fuerzas israelíes. El ataque del helicóptero también acabó con su esposa y su hijo de cinco años. Tras el ataque, Israel se sirvió de otros helicópteros también suministrados por EEUU para atacar un camión que transportaba a los supervivientes del primer ataque a un hospital.

Después del asesinato de la familia, Hezbollah “cambió las reglas del juego”, informó el Primer Ministro Rabin ante el Parlamento israelí. Nunca antes se habían lanzado misiles contra Israel. Hasta aquel momento, las reglas del juego eran que Israel podía lanzar ataques mortíferos dondequiera y a su arbitrio, Hezbollah tenía que limitarse responder dentro del territorio libanés ocupado por Israel.

Tras el asesinato de su líder (y de su familia), Hezbollah comenzó a responder a los crímenes de Israel en el Líbano atacando el norte de Israel. Esto último es, por supuesto, terror intolerable, de modo que Rabin lanzó una invasión que expulsó de sus hogares a 500.000 personas y mató a más de 100. Los despiadados ataques israelíes llegaron hasta el norte del Líbano.

En el Sur, el 80 % de la ciudad de Tiro huyó, y Nabatiye quedó reducida a una “ciudad fantasma”. Según un portavoz del ejército israelí, Jibshit fue destruída en un 70 por ciento, a lo que agregó que el objetivo era “destruir la ciudad por completo, dada su importancia para la población shiita del sur del Líbano”. El objetivo era “borrar las ciudades de la faz de la tierra y sembrar destrucción en su entorno”, según describió la operación un veterano oficial del comando norte israelí.

Es posible que Jibshit haya sido un objetivo apreciable porque fue la tierra de Sheik Abdul Karim Obeid, secuestrado y llevado a Israel varios años antes. La patria de Obeid “recibió el impacto directo de un misil”, informó el periodista británico Robert Fisk, “aunque lo más probable es que los israelíes estuvieran disparando a su mujer y sus tres hijos”. Mark Nicholson escribió en el Financial Times que quienes no escaparon se escondieron aterrorizados, “porque era posible que cualquier movimiento dentro o fuera de sus casas atrajera la atención de la artillería israelí, la cual……..estaba disparando sus proyectiles repetida y demoledoramente sobre objetivos seleccionados”. Por momentos, los proyectiles de la artillería impactaban en algunas aldeas a un ritmo de más de diez disparos por minuto.

Todos estos hechos contaron con el firme aval del Presidente Bill Clinton, que entendió la necesidad de instruir con severidad a los araboushim sobre “las reglas del juego”. Y Rabin apareció como el otro gran héroe, como el hombre de la paz, muy diferente a las “bestias bicéfalas”, “a los saltamontes” y a las “cucarachas drogadas”. Esta es simplemente una pequeña muestra de los hechos que podrían tener interés para el mundo, una vez conectados con la supuesta responsabilidad de Moughniyeh en el acto de venganza terrorista en Buenos Aires.
Otro de los cargos es que Moughniyeh ayudó a preparar las defensas de Hezbollah contra la invasión israelí del Líbano en 2006, un crimen terrorista intolerable, conforme a los criterios del “mundo”, convencido de que nada debe atravesarse en el camino del justo terror y de la agresión practicados por los EEUU y sus clientes.

Los apologistas más vulgares de los crímenes de EEUU e Israel explican con solemnidad digna de mejor causa que mientras los Árabes tienen el propósito de matar personas, los EEUU e Israel –siendo, como son, sociedades democráticas— no tienen la menor intención de hacerlo. Sus muertos son simplemente accidentales, y por eso sus asesinatos no pueden compararse, en punto a depravación moral, con los de sus adversarios. Esta fue, por ejemplo, la posición del Tribunal Supremo de Israel cuando recientemente autorizó un severo correctivo colectivo al pueblo de Gaza, privándole de electricidad (y de agua, de eliminación de residuos y aguas albañales y de otros elementos básicos de la vida civilizada).

Una línea de defensa, ésta, recurrente a la hora de enfrentarse a otros viejos pecadillos de Washington. Por ejemplo, la destrucción de la Planta farmacéutica al-Shifa en Sudán en 1998. Aparentemente, el ataque se cobró diez mil vidas, pero no hubo intención de matarlas; de ahí que no fuera un crimen resultante de una orden con expresa intención de matar. Así nos aleccionan estos moralistas sistemáticamente empeñados en apagar toda réplica efectiva a esos vulgares intentos de autojustificación. Digámoslo una vez más: se pueden distinguir tres categorías de crímenes: asesinato intencional, muerte accidental y asesinato premeditado pero sin una intención específica. Las atrocidades de EEUU e Israel son un caso típico de la tercera categoría. Así, cuando Israel destruyó el suministro de energía en Gaza o puso trabas para viajar hacia la Ribera oriental, no tuvo la intención específica de asesinar a personas que morirían por la contaminación del agua, o en ambulancias que no podían llegar a los hospitales. Y cuando Bill Clinton ordenó el bombardeo de la planta al-Shifa, era obvio que eso podía terminar en una catástrofe humana. El Observatorio de Derechos Humanos se lo comunicó inmediatamente, facilitándole todo tipo de detalles, pero ni Clinton ni sus asesores quisieron matar a personas concretas entre aquellos que inevitablemente morirían cuando la mitad de las instalaciones de la planta farmacéutica fueran destruidas en un país africano pobre que no podría reconstruirla.

Ocurre, más bien, que ellos y sus apologistas miran a los africanos sintiendo lo que nosotros sentiríamos al aplastar una hormiga cuando caminamos por la calle. Somos conscientes de que es posible que pase (si nos molestamos en pensarlo), pero no queremos matarlas, porque no son dignas ni de esa consideración. No es necesario decir que ataques similares perpetrados por araboushim en áreas habitadas por seres humanos serían considerados de manera harto diferente.

Si por un momento fuéramos capaces de adoptar la perspectiva del mundo, podríamos preguntarnos quiénes son los criminales “más buscados en el mundo entero”.

Noam Chomsky.